El turismo desde sus orígenes ha sido
conceptualizado de acuerdo a sus repercusiones e influencia en el desarrollo y la
conducta humana. Inicialmente en la antigua Grecia y Roma, se entendía
únicamente desde el aspecto social, al favorecer la interrelación humana, el
descanso, la salud y la recreación; más tarde con el desenvolvimiento de la
oferta de servicios de alojamiento y alimentación (Posadas) para suplir las
necesidades en torno a los desplazamientos temporales que por motivos
comerciales, religiosos o recreativos se realizaban, se entendió desde la
óptica socio – económica; luego, al
transcurrir del tiempo y la expansión del intercambio comercial, los
desplazamientos fueron más largos, propiciando el compartir con nuevos mundos y
con ellos, sus nuevas culturas, eventos que establecieron un contexto más
amplio que abarcaba también el componente cultural y su proyección en el
espacio moderno de la época (socio – económico y cultural). De esta manera, el
termino turismo fue evolucionando y ajustándose de acuerdo a sus componentes relevantes
como efecto transformador, hasta acuñar en nuestros días la tridimensionalidad,
ambiente, economía y hombre (social), que incluye y da principal atención al
entorno natural, como espacio donde el viajero realiza su ejercicio turístico y
la comunidad local se desarrolla socialmente; en ambos casos, existiendo una
demanda de condiciones que conduzcan a la satisfacción de necesidades, que
deberán ser atendidas desde lo económico y cultural, mientras se garantizan las
condiciones naturales (Conservación) de los componentes turísticamente
aprovechados para su permanencia en el tiempo y la posibilidad de su disfrute
por parte de las generaciones futuras.
Los cambios evolutivos, más significativos para el
turismo, tuvieron lugar después de la segunda guerra mundial debido a los
beneficios que produjo la restauración de la paz global, que impulso la
productividad empresarial y con ella, el poder adquisitivo de las familias.
Para ese entonces, la actividad turística empezó a gozar de mayor interés por
parte de las ciencias económicas, que la veían como un factor dinamizador de la
economía en sus diferentes escalas y distribuidor de la riqueza, que proyectaba
grandes ventajas de crecimiento y oportunidades de desarrollo; lo que ocasionó
que en algunos casos se desdibujara su carácter e importancia socio – cultural,
resaltando solo sus bondades económicas. Lo que en su momento alentó la
discusión alrededor del costo – beneficio que representa el desarrollo
turístico en áreas de especial interés ambiental y cultural; por un lado
estaban quienes apoyaban ciegamente esta iniciativa de desarrollo, por cuanto
garantizaba una rápida generación de recursos económicos y crecimiento
constante, mientras que por el otro lado estaban los ambientalistas,
sociólogos, biólogos y antropólogos que evidenciaban los impactos negativos
ocurridos en algunos destinos y atractivos turísticos a nivel mundial, que
habían sido presa del turismo masivo, causando una degradación lamentable en
todos los aspectos.
Sin embargo esta discusión, permitió que de la
misma manera que se argumentaba en favor o en contra, se vislumbrara la
solución, planteada desde el hallazgo de un punto de equilibrio y reglas de juego,
que representaría el establecimiento de un modelo sostenible al proceso de
desarrollo turístico, que garantizaría la conservación del medio ambiente natural,
la preservación de las manifestaciones culturales presentes y la satisfacción
de las necesidades tanto del visitante, como de la comunidad receptora.
Solución planteada justo en el momento en que el hombre, empezaba a crear
conciencia y establecer como prioridad la mitigación de los impactos negativos
generados al planeta por un modelo de desarrollo mal enfocado que por mucho
tiempo se había mantenido, aterrizando la necesidad de acercarse más a lo
natural y el estrechar los lazos elementales hombre – entorno natural. Así,
este fue el punto de partida para el surgimiento y diversificación de
diferentes tipologías que enmarcaban una nueva proyección turística, opuesta al
habitual turismo de sol playa, grandes urbes y comodidades excesivas, por un
turismo inicialmente llamado alternativo o de naturaleza, que propiciaba el
aprendizaje, interacción, respeto y valoración de todos los componentes
presentes en los destinos y atractivos visitados.
De este modo, surgió el hoy llamado Turismo rural,
que permitía el acceso al campo, a la naturaleza próxima y a un modo de vida
diferente, especial y elemental que allí se desarrollaba, una manifestación
cultural interesante y llamativa, por cuanto era totalmente diferente a la
monotonía de la ciudad. De esta tipología, se deriva el Turismo Rural
Comunitario, que involucra más a la comunidad receptora y fortalece la
capacidad productiva del campesino; el Turismo Rural ayuda a mantener
la identidad y el Turismo Rural Comunitario, refuerza los lasos culturales que
identifican a los pueblos, en conjunto estructuran la herramienta más
importante para la defensa del patrimonio cultural y ambiental de una nación;
el desarrollo de ambos bien enfocados y manejados, propician la conservación
ambiental a través de la sostenibilidad aplicada y la preservación de la
cultura, como atractivo turístico, que se vuelve sustentable económicamente en
la medida de la proyección productiva que se alcance.
En américa latina, el auge del
desarrollo del Turismo Rural se da en la década de los 90´s y para el Turismo
Rural Comunitario, a partir del año 2000, donde muchos de nuestros Estados
vieron en él, la posibilidad de apalancar el desarrollo del campo y el
fortalecimiento de las economías locales rurales, hasta ese entonces poco
atendidas por la administración política. Esta proyección de Estado,
garantizaba un impulso, apoyo, encaminamiento y organización; sin embargo
dejaba, como ocurre hasta hoy, en desatención procesos necesarios y delicados,
como son el acompañamiento psicosocial previo y permanente a la comunidad
receptora para mitigar los impactos negativos que pueda generar el choque
cultural abrupto que propiciará el ejercicio turístico y sus repercusiones en
las condiciones habituales de las poblaciones involucradas directamente (aculturización,
alcoholismo, prostitución, drogadicción, entre otras posibles y que es
necesario contemplar).
En Brasil, por ejemplo en Turismo
Rural inició en las regiones sur y sudeste del país con unos pocos
emprendimientos, basando su estructuración en la red cooperativa de productores
rurales existente y un estudio exhaustivo de factibilidad y viabilidad
comparativa con otras iniciativas similares desarrolladas en otros países y su
adaptación a las proyecciones internacionales en esta materia, lideradas por la
OMT; estos fueron proyectos piloto que se monitorearon permanentemente para
identificar su evolución y posibles falencias, que perjudicaran su proyección
sustentable económicamente a largo plazo. Sin dudas este fue un proceso
bastante favorable, gracias a la planificación y seguimiento realizado, al
punto que para el año 2006, Brasil ya contaba con 4.851 iniciativas productivas
de Turismo Rural Comunitario, perfilando esta actividad como una de las más
promisorias para el desenvolvimiento del sector rural.
De este modo Brasil, ha
consolidado el proceso de implementación del desarrollo del Turismo Rural y
Turismo Rural Comunitario con éxito y el alcance de grandes logros para su
estructuración y proyección a partir del fortalecimiento del cooperativismo,
desde luego con una importantísima intervención y compromiso del Estado, que
conceptúa oficialmente a este ejercicio, como “El conjunto de actividades
turísticas desarrolladas en el medio rural, comprometido con la producción
agropecuaria, agregandole valor a los productos y servicios, rescatando y
promoviendo el patrimonio cultural y natural de la comunidad (Ministerio do
Turismo 2003).
Por su parte en Perú,
con la puesta en práctica del Manual del Emprendedor dispuesto por el
Ministerio de Comercio Exterior y Turismo para el desarrollo del Turismo Rural
Comunitario, se establece la necesidad imperativa de la formalización del
emprendimiento turístico productivo como la base de la planificación y garantía
de éxito. A demás de dimensionar las características, condiciones y bondades
que se deben tener en cuenta a la hora de optar por este modelo productivo y
los parámetros a aplicar para lograr posicionamiento y permanencia en el
mercado, de la mano y bajo el acompañamiento del Estado y con accesos a los beneficios
que esto implica. Para el Mincetur el término Turismo Rural Comunitario, se
define oficialmente así: "Toda actividad turística que se desarrolla en el
medio rural, de manera planificada y sostenible, basada en la participación de
las poblaciones locales organizadas para beneficio de la comunidad, siendo la
cultura rural un componente clave del producto".
Perú y su Manual del Emprendedor en Turismo
Rural Comunitario, muestra una excelente herramienta para el acercamiento de la
comunidad receptora a este proceso turístico productivo; donde se pueden tomar
todos los principios allí planteados como aspectos genéricos de aplicación básica,
que deberán complementarse con una política Estatal de financiación e incentivos
prácticos de acuerdo a la realidad de cada país, para garantizar el éxito de
las iniciativas planteadas.
En Colombia, el Turismo
Rural Comunitario surge oficialmente desde mediados de los años 80´s de la mano
de la Unidad Administrativa Especial del Sistema de Parques Nacionales
Naturales – UAESPNN, como una de las estrategias para fomentar la conservación
tanto dentro de las áreas protegidas de la nación, como en las llamadas zonas
de amortiguación y sectores aledaños de ubicación estratégica, que actuaran
como corredores biológicos que favorecian el conjunto ecosistémico regional.
Inicialmente este programa involucró únicamente a las comunidades vecinas y
traslapadas con las áreas protegidas; ampliándose con el tiempo a toda la zona
de influencia de estas unidades de conservación.
Este programa fue adoptado posteriormente por la corriente de conformación de las Reservas Naturales de la Sociedad Civil que surgió en los 90´s. Para ese entonces, el fundamento principal del desarrollo del Turismo Rural Comunitario obedece a la necesidad de implementar procesos productivos sostenibles que generaran los recursos para atender las necesidades básicas de las comunidades rurales, de manera tal que se redujera la presión ambiental extractivista habitual como modelo de producción local; mientras se incentivaba conciencia y habitualidad de conservación, al tener como eje de atractivo turístico al medio natural de donde provendrían los recursos económicos que garantizarían calidad de vida y bienestar para la comunidad receptora.
Este programa fue adoptado posteriormente por la corriente de conformación de las Reservas Naturales de la Sociedad Civil que surgió en los 90´s. Para ese entonces, el fundamento principal del desarrollo del Turismo Rural Comunitario obedece a la necesidad de implementar procesos productivos sostenibles que generaran los recursos para atender las necesidades básicas de las comunidades rurales, de manera tal que se redujera la presión ambiental extractivista habitual como modelo de producción local; mientras se incentivaba conciencia y habitualidad de conservación, al tener como eje de atractivo turístico al medio natural de donde provendrían los recursos económicos que garantizarían calidad de vida y bienestar para la comunidad receptora.
Para la década del
2000, después de la participación del país en numerosas reuniones
internacionales (Quebec 2002 entre otras) en pro del medio ambiente y la firma de diferentes convenios
para la ejecución de acciones sostenibles en los procesos de desarrollo; se
fortalece y amplia el concepto de TR y TRC, yendo más allá de lo meramente ambiental y
estructurando al Turismo Rural Comunitario como un eje de desarrollo económico
y diversificador de las fuentes de ingreso para las familias campesinas,
indígenas, afrodescendientes y gitanas, establecidas en las zonas rurales y
relacionadas con la producción agropecuaria básica. Sin embargo las iniciativas
incipientes, estaban dispersas a lo largo de la geografía Colombiana,
condicionadas a los territorios menos golpeados por el conflicto interno y lejos de la
inseguridad que predominaba en gran parte del país.
Durante los periodos
presidenciales de Álvaro Uribe Vélez y la política Estatal de centrar el
potencial turístico nacional como estrategia de desarrollo, se creó e impulsó
el programa de las posadas turísticas y posadas turísticas campesinas, figura que iba dirigida a fortalecer el
Turismo Rural Comunitario; pero fue hasta el año 2012 cuando oficialmente se
promulgan “Los Lineamientos de Política para el Desarrollo del Turismo
Comunitario en Colombia” y se inicia un verdadero proceso de estructuración y
organización en esta materia, conformando la Red Nacional de Turismo
Comunitario, como mecanismo de apoyo Estatal para todas las iniciativas de este
tipo en busca de garantizar su éxito y permanencia comercial. Para el año 2016,
se restructuran los mencionados lineamientos, dándole mayor obligación,
compromiso y participación al Estado para el desarrollo del Turismo Rural
Comunitario; pero exigiendo también la formalidad en las iniciativas para poder
contar con el apoyo y beneficios gubernamentales.
En el año 2018, el
Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, a través del Vice-ministerio de
Turismo, presentó el Marco Normativo para el Desarrollo del Turismo Comunitario en Colombia y el informe de las convocatorias abiertas para iniciativas de
Turismo Comunitario para su financiación por parte del Estado; allí se habla de
527 propuestas, de las cuales se seleccionaron 52 de ellas, que se unirán a
poco más de un centenar que ya prestan operación, algunas con más de una década
de existencia y excelentes resultados en cuanto a los beneficios comunitarios y
la conservación del entorno ambiental. Hoy después de la firma del tratado de
paz y la disolución mayoritaria de la guerrilla Colombiana, en inicios del
periodo de pos conflicto, uno de los pilares para la inserción a la vida civil
y la inclusión productiva para los territorios más afectados por el conflicto
interno, es el desarrollo del Turismo Rural Comunitario, siendo así como el
Estado centraliza sus esfuerzos en la conformación de estas iniciativas
productivas, dentro de los estándares de calidad e impacto positivo
comunitario; para lo cual se enfatiza en el fortalecimiento de la oferta
mediante la capacitación del capital humano, la infraestructura presente y la promoción,
tanto nacional, como internacional.
El Estado Colombiano enfatiza en que el desarrollo del Turismo Comunitario, hace parte del compromiso internacional del cumplimiento de los Objetivos del Desarrollo Sostenible, de allí su interés por fomentarlo; sin embargo lo define superficialmente así: "Es la oferta de servicios turísticos, por parte de una comunidad organizada, que participa, se beneficia e involucra en los diferentes eslabones de la cadena productiva del turismo sostenible.
El Estado Colombiano enfatiza en que el desarrollo del Turismo Comunitario, hace parte del compromiso internacional del cumplimiento de los Objetivos del Desarrollo Sostenible, de allí su interés por fomentarlo; sin embargo lo define superficialmente así: "Es la oferta de servicios turísticos, por parte de una comunidad organizada, que participa, se beneficia e involucra en los diferentes eslabones de la cadena productiva del turismo sostenible.
Por su lado, este
proceso en Costa Rica, empezó hacia 1992, cuando el Instituto de Desarrollo
Agrario advierte a los miembros de la Comisión Permanente de Cooperativas de
Autogestión (CPCA) de la necesidad de que las cooperativas de autogestión y de
trabajo asociado iniciaran la reactivación productiva de las tierras ocupadas
por ellas y que se encontraban cesantes; advirtiendo de que, de no ser así,
podría iniciarse un proceso de parcelación de dichas tierras y por ende la
disolución de las organizaciones. Las cooperativas, después de analizar las posibilidades
productivas a desarrollar, deciden inclinarse por el Ecoturismo, actividad que
tomaba fuerza en el país y que prometía un futuro creciente y próspero. Cerca
de dos años de continuas reuniones e intentos de organizar el encaminamiento al
desarrollo ecoturístico, se tomó la conformación del Consorcio Cooperativo Red
Ecoturística Nacional (COOPRENA), conformado por cinco cooperativas de trabajo
asociado y quien se encargaría de la promoción de paquetes turísticos en el
mercado nacional.
En Costa Rica,
organizaciones de cooperación internacional y conservación, de trayectoria en
el país, fueron las principales financiadoras de los inicios del Turismo Rural
Comunitario; logrando promover a la fecha, más de medio centenar de
iniciativas, tomadas principalmente desde el aspecto ambiental (conservación),
por su estratégica posición como corredor biológico que alimente la red de
áreas protegidas del Estado a lo largo de la nación. En la actualidad, el Consorcio
Cooperativo Red Ecoturística Nacional (COOPRENA – 13 Miembros) y Asociación
Costarricense de Turismo Rural Comunitario (ACTUAR – 25 Miembros) son las
principales organizaciones encargadas de representar los intereses del sector y
la comercialización articulada de la oferta, que ya se ha posicionado tanto en
el mercado nacional, como en el internacional.
El trabajo mancomunado
de estas organizaciones y el norte visualizado como desarrollo futuro desde el
Turismo Rural comunitario, ha permitido plantear acciones de fortalecimiento
del sector, tales como el proyecto de Ley para el Fomento del Turismo Rural
Comunitario, que con apoyo de la Universidad de Costa rica (Posgrado Derecho
agrario), se presentó para su discusión y consulta; al igual que, el producto
“Turismo rural Comunitario” presentado como estrategia de mercadeo para el
sector en 2004. Posteriores eventos, como la implementación del Plan General de Desarrollo Turístico Sostenible 2002 - 2012, en el cual
se menciona al Turismo Rural Comunitario como herramienta importante para
garantizar una proyección efectiva al Turismo Sostenible y la promulgación
Presidencial del Decreto Ejecutivo N° 33536 – MP - TUR del 04 de diciembre del
2006, en el que se declara al Turismo Rural Comunitario como un elemento de
interés público, dada su importancia manifiesta; el país avanzó
significativamente en el fortalecimiento de la actividad, la atención de las
comunidades rurales y su proyección de desarrollo sostenible.
En
Julio de 2009, se sanciona la Ley de Fomento del Turismo Rural Comunitario y en
ella se institucionaliza su definición, así: Artículo 1º “El Turismo Rural
Comunitario (TRC), es la actividad turística de tipo rural comunitario que se
desarrolla por medio del impulso de empresas de base familiar y comunitaria,
conformadas según la Ley de Asociaciones, No. 218 y la Ley de Asociaciones
Cooperativas y Creación del Instituto Nacional de Fomento Cooperativo, Ley No.
4179 y sus reformas, con el fin de que las personas habitantes de las
comunidades rurales procuren la gestión de su propio desarrollo, incluido el
manejo de destinos turísticos locales; además, que participen en la
planificación y el aprovechamiento de los recursos naturales de su entorno de
manera sostenible, a fin de que les permita una mejor condición de vida”. Más
tarde, en
Septiembre 2010, se promulga el Reglamento de la Ley de Fomento de Turismo
Rural Comunitario, mediante el Decreto Ejecutivo No. 36273 – MEIC – H – TUR,
estableciendo los parámetros de formalización para el desarrollo de esta
Actividad Turística; principal instrumento de organización, desarrollo y
fortalecimiento del sector, que hoy representa un ejemplo para muchos otros
países que han tomado como referencia para sus iniciativas, tanto la
legislación, como los antecedentes conocidos de sus éxitos. Todo logrado y
estructurado a partir de la importancia identificada en el desarrollo del
Turismo Rural comunitario que se aborda así: “El TRC se
vislumbra como una opción que contribuye en forma efectiva a generar medios de
vida sostenibles y de este modo reducir la presión sobre los recursos
naturales. La distribución equitativa de los beneficios, el rescate de la
identidad cultural y el fortalecimiento de la organización local para la
solución de problemas ambientales se constituyen en los pilares básicos sobre
los que se fundamenta el esfuerzo del turismo rural comunitario, el cual ya se
ha venido desarrollando en Costa Rica en forma exitosa, urgiendo que esta
primera semilla se le siga dando la debida continuidad y el apoyo de todos los
sectores involucrados”.
Hoy por hoy, casi en
todos los países en los que se desarrolla o pretende desarrollar Turismo Rural,
esta actividad está sujeta a una serie de requisitos legales y administrativos,
que redundan en favor de la calidad de la oferta comercializada y el respaldo
institucional del Estado para el ejercicio turístico productivo; que no solo
son garantía para la comercialización (cadena de mercado), sino también para el
visitante y para la comunidad receptora, quien podrá acceder a un sin número de
beneficios que los Estados han estructurado para el fomento (exención de
impuestos y tasas, acceso a créditos blandos, acceso a subsidios e inversión en
infraestructura pública) y promoción de sus productos turísticos en el mercado
internacional (participación en ferias y campañas de mercadeo). Sin embargo,
además de todos los procesos constitutivos, operativos y de comercialización,
el mercado moderno exige la permanente innovación y el caso concreto del
turismo, el acceso a experiencias y vivencias diferenciadoras en el producto
ofertado, que incidan positiva y efectivamente en la persuasión de la intención
de viaje del cliente.
Así lo presenta la
propuesta 5 X 5 que hace la Asociación Portuguesa de Turismo Rural (PRIVETUR),
como alternativa para el fortalecimiento y repotenciación del Turismo Rural
Desarrollado en el país; integrando cinco elementos complementarios y
diferenciadores de manera integrada a la oferta que atenderá un mercado
potencial previamente identificado, ciclo-rutas (Ciclismo), senderos ecuestres
(Cabalgata), senderos para caminantes (Treking) y vías carreteables panorámicas,
se unirán a las existentes infraestructuras de alojamiento rural restructuradas
y adaptadas a las exigencias de la demanda. Sin embargo se resalta que para
garantizar efectividad en lo proyectado, se debe contar con una planificación
previa y aterrizada, organización y estrategias de desarrollo y
comercialización; que a su vez requerirán de trabajo mancomunado del sector turístico
interviniente, que se manifieste en alianzas estratégicas para generar
productos turísticos que brinden experiencias completas, transformando la
competencia en apoyo y fortaleza, como gestores de la ingeniería y
diversificación del producto, permitiendo así, mayor campo de acción y
comercialización.
Conclusiones Generales:
Para finalizar, es importante
resaltar que el éxito en la proyección y permanencia a largo plazo del
desarrollo del Turismo Rural Comunitario depende de la transparencia con que
este sea manejado, la igualdad del derecho participativo y la equidad de acceso
a los beneficios alcanzados, para cada uno de sus partícipes. Este proceso,
entre más incluyente y participativo sea, más fuerte y diversa podrá ser la
oferta comercializada y mayor capacidad de atención de mercado se tendrá.
Por otro lado, la formalidad del
emprendimiento, genera confianza en los demás miembros de la cadena de
comercialización de productos y destinos turísticos; por esta razón es
importante cumplir con los parámetros legales y administrativos de cada país
para desarrollar el ejercicio turístico; es decir, se debe estar inscrito y
contar con los permisos exigidos para poder llevar a cabo actividades
comerciales de prestación de servicios turísticos.
Si bien es cierto que el Turismo
Rural Comunitario, es muy importante y efectiva herramienta para forjar
conservación del medio natural, preservación de las manifestaciones culturales,
generación de identidad, ocupación productiva y por consiguiente bienestar y
calidad de vida; esta actividad requiere de planificación, organización,
disciplina y transparencia administrativa, para garantizar su éxito productivo,
permanencia en el tiempo y cohesión entre los actores operativos que la
desarrollan.
Ahora, después de lo
anteriormente expuesto entendemos que así como la principal debilidad del
Turismo Rural Comunitario esta manifiesta en una muy baja tasa de innovación en
comparación con otras propuestas y sectores de la industria de servicios y que
esto obedece a factores como, la dimensión reducida de las empresas
involucradas, a su naturaleza familiar, a la falta de capacitación profesional
para el desarrollo de la actividad turística y el individualismo productivo que
a veces se presenta, es decir la no participación en redes de apoyo
colaborativo; también debemos resaltar el potencial innato que representa la
pluriculturalidad y biodiversidad presentes en la gran mayoría de las áreas
rurales, la idiosincrasia amable y fraterna de nuestros pueblos y el conocimiento
ancestral del entorno natural ocupado.
Una vez se conoce el desarrollo y
proyecciones en materia de Turismo Rural Comunitario de los cinco países
abordados, podemos concluir que todos los antecedentes tienen en común la
necesidad de un marco legal y administrativo, que permita el desarrollo formal
de la actividad dentro de unos parámetros que conduzcan a la calidad y el
respaldo institucional del Estado; lo que se traduce en una oferta fuerte y
competitiva.
La socialización y capacitación
en torno al concepto de Turismo Rural Comunitario, debe ir acompañado de los
aspectos tanto positivos, como negativos, las bondades resultantes, las
condiciones para alcanzar el éxito, las obligaciones, responsabilidades y compromisos;
solo de esta manera la comunidad receptora entenderá claramente su rol en el
proceso y decidirá libremente sobre él.
Es necesario organizar y fortalecer
el cooperativismo, como abono al campo donde se desarrollarán las iniciativas
de Turismo Rural comunitario; esto incluye capacitación y orientación
psicosocial que permita que los involucrados se liberen de sus temores,
inseguridades e individualismo, para proyectarse asociativamente.
En muchos sitios donde se
presenten varias propuestas de producto con las mismas características, deberá hacerse
un análisis a fondo, que identifique la vocación principal de cada una de ellas
y la discriminación ordenada de los elementos complementarios; para así
establecer singularidades que puedan diversificar la oferta y especializar la
iniciativa, eliminando la competencia y estableciendo una alianza o alianzas estratégicas
que permitan la evolución paralela de las propuestas.
Es indispensable la capacitación
y profesionalización de la comunidad receptora participe en las iniciativas
para establecer la calidad de la oferta, de igual manera deberán estas iniciativas
mantenerse incluyentes para facilitar que personas aisladas, de alguna manera
al desarrollarse la actividad turística, puedan vincularse, sino directamente,
si como proveedores de algún bien o servicio complementario. Entre más miembros
de la comunidad se vean identificados con las iniciativas, más posibilidades de
éxito esta tendrá por el apoyo recibido.
En Colombia, el Turismo Rural
Comunitario aún depende del Estado en todas sus fases, desde la planeación,
organización y producción, hasta la comercialización; en vista del no haber
alcanzado la solidez necesaria para el ejercicio autónomo. Las iniciativas
comunitarias y sus ofertas son comercializadas indirectamente en su mayoría a
través de agencias de viajes; sin
embargo la promoción de los productos es hecha directamente por las
organizaciones comunitarias en los diferentes espacios que permite el Estado,
tanto a nivel nacional, como internacional. Sin embargo, la pluriculturalidad,
diversidad geográfica y mega diversidad biológica, presentes en el producto turístico
Colombiano, permite el rediseño y fusiones que garantizan una evolución
innovadora que atiende las tendencias y necesidades del mercado de una forma
acorde y competitiva.
Por otro lado, es claro que el
proceso evolutivo del Turismo Rural Comunitario Colombiano se ha basado en experiencias
sucedidas en otros países; de igual manera el proceso se ha ido perfeccionando
y puliendo de acuerdo a la vivencia misma y directa, acompañada de los procesos
externos que día a día nos continúan sirviendo de referencia. Experiencias Europeas
y Centro Americanas marcan la pauta en el tema turístico y ayudan a estructurar
cada vez mejor las nuevas proyecciones, cerrando más, en cada ocasión la puerta
al fracaso y disminuyendo las posibles falencias que se puedan presentar. Pero,
también es meritorio mencionar, que la formalización Colombiana imprime altos
niveles de calidad a los productos ofertados, puesto que además los requisitos básicos
del ejercicio comercial turístico, también se deben cumplir estándares específicos
para cada tipología de acuerdo a su accionar operativo, contemplado por las
Normas Técnicas Sectoriales y sus acondicionamientos complementarios que solo
para el sector turismo se plasman en más de sesenta contextos.
Bibliografía,
Cybergrafía & Referencias












Respetada Tutora y compañeros, cordial saludo.
ResponderEliminarHe aquí la actividad solicitada, espero atento sus comentarios constructivos; ayudenme a mejorar lo aquí contenido.
Por la atención dispensada gracias... Y como dice un compañero, ¡Pura vida!